El alma exquisita de Hubert de Givenchy llena el Museo Thyssen

givenchy-audrey-hepburnJavier Acosta

Para mí, el hecho de compartir un mismo espacio con Hubert de Givenchy era todo un acontecimiento, un sueño ahora cumplido. Desde pequeño, mi madre siempre me ha hablado de sus excelentes diseños, de su saber hacer y de lo importante que ha sido su figura para el mundo de la alta costura. Ella reside en Tenerife y sé lo mucho que habría disfrutado el poder acompañarme, por eso he sido sus ojos y sus oídos en esta ocasión.

He podido transmitirle lo emocionante de la exposición y de su ponencia durante la rueda de prensa de presentación de la que, sin duda, será una de las exposiciones de la temporada en Madrid; hablarle de cómo empezó a crear bocetos, de quién le inspiraba y de su mecenas Balenciaga, del futuro de la moda y de cómo la entiende él actualmente.

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Eloy Martínez de la Pera, curador de la exposición, recalcó a los presentes lo importante de esta retrospectiva: es la primera vez que se brinda un homenaje de estas características a uno de los diseñadores más importantes de la historia. Y no sólo eso. La muestra se desarrolla bajo el mecenazgo de la Maison Givenchy, creada en 1952, y ha sido el propio Hubert el que ha comisariado la muestra junto a Martínez de la Pera, escribiendo cada texto, seleccionando cada vestido y vistiendo a todos y cada uno de los maniquíes. Qué duda cabe de que su saber hacer queda más que patente durante el recorrido por las cinco salas que abarca dicho homenaje.

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No sólo podremos encontrar diseños míticos como el archiconocido vestido negro de satén que lució Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes o el conjunto de noche que llevó Jackie Kennedy en 1961 para la cena que Charles De Gaulle ofreció en homenaje a su homólogo norteamericano en el Palacio de Versalles; pasearemos por el alma de Givenchy, por su elegancia innata a la hora de vestir a la mujer y por creaciones únicas, expresión máxima de su gusto exquisito por la moda. La iluminación, la posición clásica de los maniquíes y las joyas que complementan las creaciones, crean una atmósfera única llena de emoción. Un repaso por la historia de la alta costura.

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No se hace extraño llevar la moda a un museo. Cada uno de los vestidos es una obra de arte: con colores medidos o desmesurados, con brocados sutiles o con cuerpos repletos de piedras, lazos gigantes rematando una espalda o una pequeña colección de tocados y sombreros para rematar nuestro recorrido. Vemos su relación con el arte de una forma directa, como en la foto que ilustra estas líneas: en el maniquí un vestido de noche en terciopelo negro con sobrefalda drapeada en faya violeta; en la pared la obra de Rothko Sin título (verde sobre morado). La composición es magistral, la combinación es perfecta y la unión difícilmente superable. El diseñador francés se revela en sus propias palabras como un “seleccionista” y no un “coleccionista de arte”, ya que él siempre se ha movido por lo que le gusta realmente, sin importarle su valor.

Gracias, Elena, por haberme educado con esa sensibilidad. Espero que haya una segunda vez y que sea junto a ti.

La exposición Hubert de Givenchy abre sus puertas al público el 22 de octubre y está previsto que se pueda visitar hasta el 18 de enero de 2015. Además, el Museo Thyssen-Bornemisza ha programado una decena de películas en un ciclo de cine que se podrá ver cada sábado, con acceso gratuito, desde mediados de noviembre hasta el cierre de la muestra.